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dc.contributor.authorGonzález-Sicilia, Eusebio
dc.date.accessioned2021-02-25T13:28:16Z
dc.date.available2021-02-25T13:28:16Z
dc.date.issued1969es
dc.identifier.citationGonzález-Sicilia, E. (1968). Fertilización de las distintas especies y variedades de frutos cítricos. En: Conferencias citrícolas -1ª Semana Internacional de la Naranja (Valencia, 10-17 de Noviembre de 1968),123-146. Valencia: Instituto de Agroquímica y Tecnología de alimentos.es
dc.identifier.otherDeposito Legal: V-1612-1969
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/20.500.11939/7123
dc.description.abstractLas fórmulas de abonado no son válidas universalmente, deben establecerse para cada caso concreto; la enorme variabilidad de los factores que condicionan el abonado: necesidades de la planta (complejo constituído porel patrón y la variedad injertada), las disponibilidades del suelo, el estado nutricional y demás circunstancias concurrentes nos proporcionan indicaciones muy valiosas pero de ninguna manera datos a conjugar en una fórmula que nos proporcione una solución matemática del problema. Por todo ello, más que dar unas fórmulas de abonado que habrían de ser enormemente generales y por tanto de poca utilidad práctica aplicativa en casos concretos, preferimos establecer unas normas o indicaciones en las cuales estimamos debe basarse el establecimiento de fórmulas de abonado. El nitrógeno debe suministrarse, por lo que a cuantía se refiere, en función de las necesidades dela planta, ya que se trata de un elemento que por su origen es ajeno al suelo y en nuestras tierras, bajo nuestras condiciones de cultivo, dependemos casi exclusivamente de las aportaciones que se hagan en forma de abonos, sobre todo en cultivos intensivos como esel de los agrios. Las necesidades de nitrógeno son función de la variedad cultivada, edad de la planta, productividad, estado sanitario, etc. Estimamos que la cuantía de nitrógeno a aportar anualmente al suelo oscila entre 300 y 500 kilos de nitrógeno por hectárea. El nitrógeno es aconsejable incorporarlo al terreno en dos veces, conforme ya dijimos anteriormente. En el abonado de primavera, y siempre que la capacidad de cambio del suelo no lo impida (es decir, salvo en suelos totalmente arenosos), aconsejamos el nitrógeno en forma amónica (es también aceptable la forma amídica con las precauciones anteriormente indicadas); aconsejándose en este primer abonado del 50 al 70 % del nitrógeno total anual, salvo en el caso de variedades tardías o de media temporada pendientes de recolección, en cuyo caso estimamos que la dosis de nitrógeno debe reducirse al 10 % para evitar embastecimiento y retrasos en la madurez. En el abonado de verano incorporar el resto de nitrógeno; en forma de nitrato en las variedades tempranas y en forma amónica en las de media temporada y tardías. El abonado fosfórico, en lo que a cuantía se refiere, es función del suelo: de su riqueza en fósforo y capacidad de fijación e inmovilización del mismo a lo largo del perfil. La época de incorporación es, como hemos dicho, indiferente, soliéndose hacerla en el abonado de primavera; podemos fijar la dosis media a título indicativo en 120 Kg. de P2 O5 por hectárea y año. El abonado potásico tiene unas características intermedias entre el nitrogenado y el fosfórico, pues si bien el suelo es el principal factor determinante de la cuantía a emplear, no hay que olvidar que el potasio es factor de calidad del fruto. En consecuencia, fijado mediante análisis la dotación potásica del suelo y la capacidad de cambio (lo que nos indicará las posibilidades de fijación y subsiguiente abastecimiento a la planta) se determinará la dosis de potasa a incorporar al suelo, la cual debe forzarse siempre que interese exaltar la calidad o finura de la fruta. Estimamos la dosis media indicativa entre 250 y 400 kilos de K,O por hectárea y año, la cual puede darse de una vez en el abonado de primavera o dividiéndola entre los dos abonados. En casos de tierras bien abastecidas de fósforo o potasio deberá prescindirse de estos elementos en el abonado, ya que su incorporación pudiera ser inocua o incluso contraproducente, cosa que no ocurre con el abono nitrogenado, del que nunca se debe prescindir. Aunque, como hemos dicho, la incorporación de fósforo y potasio no hay inconveniente en hacerla de una sola vez, convendría fraccionarla cuando la naturaleza del suelo sea tal que sea de temer la pérdida de estos nutrientes por lixiviación; caso de suelos arenosos, en el abonado potásico, y sin cal, en caso de que se abone con superfosfatos.es
dc.language.isoeses
dc.publisherInstituto de Agroquímica y Tecnología de alimentoses
dc.rightsAtribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 España*
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/es/*
dc.subjectFertilizaciónes
dc.subjectAbonado de los cítricoses
dc.subjectVariedades de cítricoses
dc.titleFertilización de las distintas especies y variedades de frutos cítricoses
dc.typeconferenceObjectes
dc.authorAddressInstituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA), Carretera CV-315, Km. 10’7, 46113 Moncada (Valencia), Españaes
dc.entidadIVIAInstituto Valenciano de Investigaciones Agrariases
dc.page.final146es
dc.page.initial123es
dc.placePublicationValència (España)es
dc.relation.conferenceDate1968-11-10
dc.relation.conferenceName1ª Semana Internacional de la Naranja. Conferencias Citrícolas.es
dc.relation.conferencePlaceValencia, Españaes
dc.rights.accessRightsopenAccesses
dc.source.typeelectronicoes
dc.subject.agrisF04 Fertilizinges


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Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 España
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